NUEVA RECOMENDACION DE SINTAXIA...

Serie Bernie Rhodenbarr, Lawrence Block 

LOS LADRONES NO PUEDEN ELEGIR

En esta novela Lawrence Block introduce a uno de sus personajes más logrados.
Bernie Rgodenbarr, el irresistible príncipe de los ladrones de Nueva York. Bernie, hombre de gustos refinados y amplia cultura, posee el don de convertir el robo en un arte. Por desgracia es igualmente hábil para meterse en líos. En esta ocasión es contratado por un desconocido para sustraer una misteriosa caja azul de un apartamento. La misión parece fácil y todo va sobre ruedas, hasta que en el apartamento aparecen también dos policías y un cadáver.






 

EL LADRÓN EN EL ARMARIO

Aunque dotado de un fino sentido del humor Bernie Rhodenbarr nunca habría imaginado una situación más absurda: su dentista le encarga el robo de unas joyas en un elegante apartamento neoyorquino cuya propietaria es la ex esposa del dentista, y Bernie, maestro de la ganzúa, se queda encerrado accidentalmente en un armario mientras, a unos metros, la dueña del apartamento retoza entre las sábanas con su amante. Pero la anécdota no tiene un final feliz. Cuando Bernie sale del armario dispuesto a coger el botín, las joyas han desaparecido y la mujer ha sido asesinada. Así las cosas, Bernie difícilmente podrá convencer a la policía de su inocencia.




 

  EL LADRÓN QUE CITABA A KIPLING

Los bibliófilos han enloquecido. Corre la voz de que existe un ejemplar, un único ejemplar de una rara y casi desconocida obra que, además, está dedicada a Hitler y es ferozmente antisemita. Y un bibliófilo enloquecido por una pieza única es un sujeto muy peligroso. Eso lo sabe bien Bern Rhodenbarr, el más hábil y el más honrado de los ladrones, que acaba teniendo el libro en su poder y se encuentra rodeado por una manada de hombres ávidos por conseguir el preciado volumen. Tan ávidos que, por supuesto, no repararán en medios para obtenerlo.








EL LADRÓN QUE LEÍA A SPINOZA  

Bert había entrado limpiamente en la mansión para afanar la valiosísima moneda. Y allí estaba su botín, pero acompañado por un cadáver aún caliente. Baruch Spinoza, allá por el siglo XVII, escribió sobre todo lo divino y lo humano —y Bert lo sabía bien porque era su filósofo preferido—, pero nunca dio ninguna receta para liberarse a la vez de una acusación de robo y de otra de asesinato. La receta tendría que irla descubriendo el propio Bert, rápidamente y sin cometer un solo error.








 
EL LADRÓN QUE NO QUERÍA ROBAR

Desaparece una valiosa colección de cromos de beisbol. La policía acusa a Bernie Rhodenbarr, ya que existen irrefutables pruebas de su culpabilidad. Sin embargo Bernie cuenta con una coartada excelente, salvo por el pequeño detalle de que no puede revelarla a la policía: en el momento de cometerse el delito él se hallaba robando en otra casa, y para colmo allí había un cadaver...









 
EL LADRÓN QUE PINTABA COMO MONDRIÁN

 Desaparece un cuadro valorado en un cuarto de millón de dólares. Esta vez aunque no por falta de voluntad el ladón no ha sido Bernie Rhodenbarr, culto librero de día y refinado ladrón por la noche. En relación con el hecho se han producido además dos asesinatos, y una mente sagaz se ha propuesto cargar los muertos y el robo al bueno de Bernie. Pero en cuestión de astucia Bernie no tiene rival, y menos cuando se trata de salvar el pellejo.

Publicado por DarkShadow on 9 de mayo de 2014
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